Desde hace un tiempo venimos mencionando la importancia de los festivales internacionales en el ámbito del tango europeo, sin dejar de soslayar, también, que si bien fue en este continente donde comenzó a gestarse este tipo de estructura como un orden habitual, desde allí (y como en tantos otros asuntos, del arte y de otras yerbas), los festivales comenzaron también a proliferar en todo el mundo.

En el último artículo puntualizamos los más emblemáticos del género, aclarando que el listado no era taxativo y sí lo era subjetivo y personal, aunque confiando, desde ya, en que esa subjetividad hubiese estado influida por el andar del tango en las últimas décadas, forjada por la opinión mayoritaria y coincidente.

Así las cosas, si bien ya mencionamos a los festivales que supieron ser los más importantes o de referencia, así como a los que se mantienen en esa tesitura, quedamos con la deuda de hablar sobre los festivales diferentes, que son los que se salen de las reglas y a todas luces generan espacios espectaculares.

Tarbes in Tango, Tarbes, Francia

Particularmente siempre he creído que el tango sólo puede convertirse en un arte completo siempre y cuando continúe nutriéndose de otras artes (¿o es que acaso hay escritor que no admire la música o la pintura o el cine?, ¿o cineasta que no lea literatura o asista al ballet?), a tal punto que, con la intención de hacer un pequeño aporte colaboracionista, con la idea de aunar el tango con el cine fue que creé Cinefilia Tanguera.

Y si de fundir al tango con las otras artes se trata, entonces, jamás podría dejar de mencionarse al festival pionero y puntal en esa materia, que es el festival de Tarbes, multitudinario e integral, porque no sólo resulta un festival de tango sino un evento de arte sobre la temática tanguera, que no es lo mismo pero sí parecido e infinitamente interesante.

Desde siempre este evento ha intentado (y sigue haciéndolo, en cada agosto, con la misma impronta y valía del comienzo, aunque ahora también rociado de tradición) generar un espacio de celebración cultural y artística de todas las ramas, haciendo que exposiciones o exhibiciones de pintura, danzas alternativas, teatro, literatura, escultura, cine y cuanta manifestación artística sobre el tango exista, se presenten y encuentre allí un espacio de gestión y exposición que, a mi entender, no sólo es de lo más vistoso y valioso de la escena tanguera en todo el mundo, sino que de alguna manera resulta en general representativo de lo francés, como compendio general de esa cultura.

 

Mediterranean Summer Tango Festival, Porec, Croacia

Este evento también ocupa un espacio de los más destacados entre los que ofrecen una alternativa a los tradicionales, pero desde una perspectiva diferente a la de Tarbes porque, si a aquél podríamos considerarlo el gran “centro cultural tanguero” al aire libre, al Mediterranean podríamos llamarlo “la gran fiesta”, y no estaríamos descubriendo nada porque, ya desde el arranque, el propio lema del evento es “join the party”.

Quienes hayan asistido sin dudas lo recordarán por ser probablemente la mayor celebración de tango del mundo, no necesariamente en términos tangueros sino de fiesta, de multitudes, de juerga. Porque todo Europa del este y la mitad del resto se vuelca a este festival, en que se crean oleadas de personas que llegan de todas partes y toman la ciudad por asalto, inundando la capacidad hotelera y de alquiler temporal de la ciudad. Se crean grupos paralelos en las redes sociales, en las que los asistentes que ni siquiera se conocen se convocan para compartir alojamientos, traslados y todo tipo de planes.

Todos los días las milongas de la noche se realizan en un enorme estadio cerrado, de miles de personas ávidas de bailar tango y conocerse, pero también de compartir y seguir generando nexos, porque eso es lo que es el Mediterranean: las vacaciones del tango.

Durante el día la gente se vuelca junta a las playas, y en las tardes nadie abandona al tango sino que todo el mundo se junta a bailar… ¡en una piscina! Resulta realmente divertido y tierno a la vez.

¡Quién hubiese podido siquiera imaginar, 50 años atrás, que miles de europeos se congregarían a bailar bajo el sol, en las playas o en piscinas, en un extravagante país de Europa del Este! ¡Y quién entre esos grandes de Discépolo, Troilo, Di Sarli, Gardel, Tanturi, Pugliese, e incluso Piazzola, algo más acá, hubiese sospechado que el final de tal evento se realizaría a un gran barco, que combina al tango con DJ’S de música electrónica, chicas en bikini, y muchachos musculosos saltando al mar contra corriente!

 

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