El tango como arte.

Hace mucho años, cuando el tango en mi vida no tenía más que un puñado de horas, recuerdo observar que todos quienes formaban parte del ambiente afirmaban con ahínco que el tango es un arte.

Por supuesto, siendo un tipo de música tan reconocido, nunca hubieron muchas dudas sobre eso, y menos atendiendo a la extraordinaria calidad de los músicos y poetas que desde hace más de medio siglo conquistan el orbe. Sin embargo valía la insistencia, puesto que el tango siempre ha estado entremezclado con la identidad cultural de los argentinos, y más todavía, con una especie de imagen de arrabal, de bajo mundo, que hacía que no necesariamente fuera tratado como una rama de una rama del arte (el tango, rama de la música, rama del arte), sino más bien como un espacio social o un estilo de vida.

Por supuesto que una de las cualidades del tango es ser un tipo de música y de danza que genera un encuentro y una identificación social muy fuerte, pero no por ello debía olvidarse, o menoscabarse, su cualidad de arte o de apéndice de él.

Por lo pronto, que el tango aúna de una manera irreductible a la música y la danza, lo dota ya de una realidad artística tangible, imposible de ser ignorada.

Sin embargo, por aquello del arrabal y del bajo mundo (y quizá también por ser catalogado de popular, erróneamente considerado lejos de lo meramente artístico), el tango parecía centrarse más en un estilo de vida que en un arte.

Pero en la década de los noventa, con el resurgimiento del tango y su auge desde la danza, que comenzó a cruzar fronteras y océanos hasta hacerse global, comenzó a hacerse fuerte la consideración (justa, de reconocimiento tardía) de que el tango es un arte, una parte de él, y que por ende debería ser tratado y apoyado como tal, tanto desde la gestación y cuidado oficial de su producción y sus espacios, como desde el apoyo cultural que todo arte debe recibir.

Pero el tango nunca recibió esa ayuda, ni entonces, ni ahora. Se hizo solo, se defendió con uñas y dientes del acoso militar, la proscripción, la discriminación, la apatía política y ministerial… pero siguió creciendo a pesar de todo eso, y hasta quizá vigorizándose, encontrando en la debilidad su fortaleza.

En ese momento entré yo al mundillo del tango, cuando su expansión ya no era por la maravillosa perfección de su música, sino por la hipnosis que en el mundo entero generaba la danza.

Bailar tango.

Nuevos espacios de tango.

Como escritor, sin embargo, entendí que si bien el tango era un arte, le faltaba alguna cosa, abrir el espectro para ser finalmente reconocido y aceptado o, si no para eso (porque no lo necesitaba, porque el tango se hizo a sí mismo, como ya dijimos), sí para enriquecerlo: al tango le faltaba relacionarse con otras artes.

Porque no hay pintores que no sepan de música o literatura, ni escritores que no admiren la pintura o el ballet. No hay arte son artistas, y no hay artistas sin mezclarse con las artes.

Una fusión del tango con el cine.

Y fue así como nació la idea de Cinefilia Tanguera, un festival Itinerante de cortometrajes y documentales sobre tango.

Al principio creí que nos resultaría más que un experimento, aunque pronto descubrí que lo que había era un espacio vacío ávido por ser llenado: el tango en el cine crecía a pasos agigantados, y se gestaba entre ellos una rozagante relación que nadie parecía querer estudiar.

En poco tiempo Cinefilia Tanguera se convirtió en la mayor colección de material contemporáneo de cine sobre tango en el mundo, reuniendo más de 250 películas provenientes de 35 países diferentes.

El espacio se abría y mostraba que, incluso como un apéndice de lo importante (bailarlo, escucharlo, cantarlo y tocarlo), el tango, como arte, estaba germinando en todos los espacios del arte.

10 años después, Cinefilia Tanguera lleva más de 80 presentaciones en 25 países y 3 continentes, dejando en evidencia que al tango ya no es un nicho sino que es un arte completo, integral, con fuerza para crecer, tener nuevos espacios, y relacionarse con las artes.

www.cinefiliatanguera.com

 

The following two tabs change content below.
Leonel A. Mitre
Leonel Ángel Mitre, nacido el 31 de diciembre de 1975 en Buenos Aires, Argentina, es escritor, abogado, gestor cultural y fundador de Cinefilia Tanguera. Poseedor de la colección de cortometrajes sobre tango más importante del mundo, ha presentado al ciclo en más de quince países y tres continentes con un suceso sin precedentes en el género.
Leonel A. Mitre

Latest posts by Leonel A. Mitre (see all)

0 comentarios

Dejar un comentario

¿Quieres unirte a la conversación?
Siéntete libre de contribuir!

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

Acepto la política de privacidad *

Francesca Vaccari te informa que los datos de carácter personal que nos proporciones rellenando el presente formulario serán tratados por El Puntazo Estudio de Tengo como responsable de esta web. Finalidad de la recogida y tratamiento de los datos personales: gestionar el alta a esta suscripción y remitir boletines periódicos con información y oferta prospectiva de productos o servicios propios y de terceros afiliados. Podrás ejercer tus derechos de acceso, rectificación, limitación y suprimir los datos en info@francesca-vaccari-tango.com así como el derecho a presentar una reclamación ante una autoridad de control. Puedes consultar nuestra política de privacidad.

Este sitio usa Akismet para reducir el spam. Aprende cómo se procesan los datos de tus comentarios.